Energía nuclear: Vulnerabilidad a ataques

El diseño de una central nuclear tiene en cuenta la protección ante una cierta tipología de accidentes, entre ellos, fallos de equipos, condiciones ambientales extremas, inundación por fallo de una presa o desborde de un río, fuego, etc… (incluyendo fallos múltiples, fallos de causa común y errores humanos) pero no se ha pretendido que sean capaces de resistir un ataque del exterior intencionado, sea algún tipo de terrorismo o una guerra.

Una central nuclear en funcionamiento requiere suministro de electricidad para accionar las bombas de refrigeración y suministro de agua para enfriar su combustible nuclear, tanto en el reactor como en la piscina de combustible nuclear gastado.  Aun si el reactor está apagado hay que enfriarlo pues mantiene un calor enorme en el núcleo. Sin refrigeración, el agua del núcleo del reactor y de la piscina de combustible gastado se calienta, se evapora, y los elementos combustibles del reactor nuclear, muy calientes, pueden quedar expuestos al aire. Sin refrigeración, el combustible del núcleo del reactor llegaría a la fusión y, el combustible nuclear en la piscina alcanzaría temperaturas del orden de 1.000 °C, en esas condiciones las varillas metálicas con las pastillas de combustible llegarían a arder y liberar gran cantidad de radiactividad (como ocurrió en los reactores 1,2 y 3 de Fukushima y en la piscina del reactor 4).

Incluso sin daños físicos, como un impacto intencional o accidental de artillería o misiles, una central nuclear es muy vulnerable a una interrupción de los sistemas de apoyo.  Además, necesita la presencia continua de personal cualificado para operar la planta. Si falla el suministro eléctrico de la red exterior hay que recurrir a generadores diésel, pero si no respondieran habría que tener capacidad de movilizar rápidamente equipos y personal adicional, como bomberos u operadores de grúas.  Todo esto es muy difícil de lograr bajo un ataque intencionado o en un fuego cruzado.

Aunque las contenciones de los reactores estén calificadas para soportar impactos, y las piscinas de combustible estuvieran dentro de la contención, que no es lo más frecuente, la infraestructura necesaria para mantener segura una central es vulnerable, esté en funcionamiento o parada.

La invasión de Ucrania es la primera guerra en un país con reactores nucleares. Para resumir la situación basta con la contundente y desoladora declaración del director general de la OIEA, Sr. Grossi, cuando llegó a la central nuclear de Zaporiya para evaluar su seguridad en la primavera de 2023:

«Es obvio que la actividad militar está aumentando en toda esta región. Así que la central no puede ser protegida«.

La central de Zaporiya, tiene además una instalación de almacenamiento en seco de combustible nuclear gastado, es decir, en contenedores, situados en una explanada abierta. Como los siete Almacenes Temporales Individualizado (ATIs) de las nucleares españolas.  Los contenedores se diseñan con cierta capacidad de resistencia a impactos, pero no a armas militares.  Este es otro riesgo muy serio de emisión radiactiva.

La segunda guerra está en Irán, donde instalaciones nucleares de enriquecimiento, de laboratorios y de otros procesos han sido bombardeadas por Israel y EE. UU. en junio de 2025.  Pero la mayor preocupación de la OIEA es la central nuclear de Bushehr, situada en la costa del Golfo Pérsico. En comparecencia ante el Consejo de Seguridad de la ONU, el director general dijo

«Es una central nuclear en funcionamiento y, como tal, alberga miles de kilogramos de material nuclear. Países de la región se han comunicado directamente conmigo en las últimas horas para expresar su preocupación, y quiero dejar absolutamente claro: en caso de un ataque a la Central Nuclear de Bushehr, un impacto directo podría provocar una liberación muy elevada de radiactividad al medio ambiente. De igual manera, un impacto que inutilizara las dos únicas líneas que suministran energía eléctrica a la planta podría provocar la fusión del núcleo del reactor, lo que podría resultar en una alta liberación de radiactividad al medio ambiente».

Un dron con carga explosiva impactó en la cubierta protectora de Chernobyl-4 el 14/2/25. Abrió un agujero de 15 m2

Qué ocurriría si IMPACTA un AVIÓN

El impacto de la colisión de un avión depende de su masa y su velocidad y de la zona impactada, así como de la dimensión del daño a las estructuras de hormigón. La enorme masa de un avión de pasajeros extendería el efecto de su impacto sobre un área grande. Al mismo tiempo, los motores son «misiles» compactos, que pueden tener una masa de varias toneladas. También los escombros lanzados por los aires y del combustible ardiendo serían mucho mayores en la colisión de un avión de pasajeros que los asumidos por ejemplo para el caso de un jet militar.

Greenpeace ha publicado un informe sobre el impacto en las centrales nucleares españolas de la colisión de un avión de pasajeros[1].  A falta de conocimiento de que exista algún estudio específico sobre tal situación en España, presenta algunas conclusiones extraídas de los estudios hechos en Suiza, Alemania y Estados Unidos.

Si se destruyera la estructura externa de hormigón armado del edificio del reactor, probablemente la contención también colapsaría. Está diseñada para soportar los efectos procedentes del interior, pero no tiene gran capacidad de resistencia ante impactos del exterior. Además, el circuito de refrigeración del reactor quedaría dañado.  Aunque el edificio del reactor permaneciera intacto, la destrucción en la zona y las vibraciones causadas podrían causar daños catastróficos, dependiendo de las instalaciones afectadas. Podría ser el caso si un avión pequeño (militar) impactara con una central, pero en el caso de una aeronave comercial, no puede asumirse que el edificio del reactor pueda seguir en pie.

Con la información disponible, el diseño de todas las centrales nucleares españolas, excepto Trillo, probablemente no soportarían ni la colisión de un avión militar ligero. Así se concluye al menos para las cinco centrales más antiguas Garoña, Almaraz I y II y Ascó I y II, que tienen un grosor de muros del edificio del reactor es de solo 0,60 metros. En Cofrentes o Vandellós II con grosores más cercanos a 1 m, probablemente un avión comercial pequeño (tipo Airbus 320) no produciría un daño grave del edificio del reactor. Respecto a Trillo los muros del edificio del reactor de son de cerca de 2 m de espesor, probablemente podría soportar el impacto de una aeronave grande (tipo Boeing 747). Aunque no hay garantías, no puede excluirse una desastrosa liberación de radiactividad, incluso sin haber serios daños en el edificio del reactor.

Fuera del reactor, el combustible gastado depositado en contenedores en seco es menos vulnerable que el combustible gastado guardado en piscinas, pero impacto de un gran avión de pasajeros contra instalaciones de almacenamiento en contenedores podría resultar en una liberación de radiactividad. Especialmente si hay un incendio de alta temperatura y de larga duración en el combustible.  La situación sería aún peor en un almacén centralizado ya que éste acumularía cantidades mucho mayores de combustible nuclear gastado que en uno individualizado.


REFERENCIAS:

[1]  Consecuencias en las centrales nucleares españolas tras la colisión de un avión de pasajeros, Greenpeace España, (en colaboración con Oda Becker), Diciembre 2011

Airbus A380: peso máximo de despegue 560 toneladas, máxima capacidad de combustible 320.000 litros,

Boeing 747-400: peso máximo de despegue 397 toneladas, máxima capacidad de combustible 217.000 litros,

Airbus A320: peso máximo de despegue 73,5 toneladas, máxima capacidad de combustible 24.000 litros


 

Este artículo forma parte de una serie de publicaciones donde exponemos por qué decimos NO a la energía nuclear. Os animamos a leerlas para conocer la visión completa de nuestra oposición a la energía nuclear.