Centrales nucleares: Alargamiento de vida, un obstáculo para las renovables

Si las empresas titulares de las centrales nucleares acordaron voluntariamente en 2019 un plan de cierre escalonado de 2027 a 2035, sin duda fue considerando su balance de inversiones-beneficios. En aquel momento decidieron que el negocio nuclear no compensaba. Cuando a finales de 2021 el precio del gas natural escaló a niveles nunca vistos, arrastrando muy arriba el precio de la electricidad, y por tanto los beneficios, no hubo quejas. Pero al frenarse la subida de electricidad, comenzaron a denunciar la asfixia de los impuestos.  Las nucleares necesitan precios altos de electricidad para ser rentables, y el crecimiento de las renovables consigue bajarlos, son una competencia que puede reducir notablemente sus beneficios en la década que falta hasta el apagón nuclear. Un cierre progresivo, que no tiene que resultar traumático para las comarcas afectadas si los planes de Transición Justa (que ya se aplicaron al cierre del carbón) se preparan con tiempo suficiente.

En los dos últimos años, a medida que se acerca la fecha de cierre de los dos reactores de Almaraz (en 2027 y 2028), al pulso al gobierno para pagar menos impuestos se ha unido la amenaza de abandonar el plan y prolongar el funcionamiento de las nucleares. Comenzando por solicitar un, en principio breve, alargamiento de Almaraz hasta 2030, pero que, si las empresas lo ven conveniente, puede extenderse a alguna más, o a todas.

Sin entrar aquí en los motivos de Endesa, Iberdrola, Naturgy y EDP, hay que señalar que, si esto sucediera, tendría un efecto importante sobre los precios mayoristas de la electricidad, sobre la rentabilidad de las energías renovables y sistemas de almacenamiento de electricidad.  También en las emisiones de CO2 del sector eléctrico, el más avanzado en la descarbonización del país y que es el puente para extenderla a otros sectores, mediante precios de electricidad competitivos para hogares e industrias y verdadera soberanía energética.

Hay varios estudios muy recientes que cuantifican el perjuicio del alargamiento nuclear, pero es fácil ver que los proyectos de renovables se han hecho contando con un escenario de producción de electricidad establecido en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC).  En él se diseña una sustitución  progresiva de la potencia nuclear, con la que se crea un hueco para hacer atractiva la instalación de potencia renovable y de almacenamiento. Si no existe ese «hueco» el riesgo de aumento de «vertidos» es alto, se trata de generación que no entra en la red y no se remunera. Por eso la posibilidad de prolongación de las nucleares implica incertidumbre en la amortización de las instalaciones existentes, y pone en riesgo nuevas inversiones.

La Fundación Renovables advierte que en el último año ya se han desaprovechado 29,5 TWh de renovables. A efecto de comparación, es una cantidad de energía superior en un 74,5% a la generación anual de los reactores Almaraz I y II (2023)[1]. Por otra parte, según el informe de Fundación Renovables, si el despliegue renovable sigue al ritmo actual el cierre nuclear no implicará necesidad de recurrir a combustibles fósiles. Por tanto, no habrá aumento de precios ni de emisiones.

Otro estudio, Fabra et Al.[2], cuantifica los impactos de retrasar el cierre de Almaraz de 2027 a 2030. Inicialmente esa generación nuclear podría evitar que entren en funcionamiento centrales de gas en ciclo combinado, las más caras y emisoras, pero si debilita los incentivos para invertir en renovables y en almacenamiento, al cabo del tiempo llevaría a precios y emisiones más altos. En concreto, si reduce el despliegue de energías renovables y almacenamiento en un 25% con respecto al planificado (en el PNIEC), los precios promedio mayoristas de la electricidad aumentan aproximadamente entre un 4,5% y un 7,2% en el período 2028-2030, y alrededor del 11,1% en 2031. Las emisiones del sector eléctrico crecen alrededor de un 5% en 2028 y un 8% en 2030; en 2031 resultan ser aproximadamente un 24% mayores que las que habría con los dos reactores de Almaraz parados definitivamente en 2027 y 2028. Este trabajo también llega a la conclusión de que la disminución de generación nuclear puede ser sustituida por las energías renovables y el almacenamiento en lugar de por el aumento de la generación de fósiles.

Un tercer trabajo, independiente de los anteriores, llega a conclusiones muy semejantes. El informe «Cierre nuclear y transición energética: el caso de Almaraz«[3] afirma que el cierre de Almaraz no se traducirá en un aumento estructural de generación fósil, porque en 2028 y 2029, la generación renovable reemplazará al 96,4% de la producción de Almaraz. En cambio la prórroga hasta 2030 reduce la entrada de nueva generación renovable la red, e incrementa los «vertidos» de la renovable instalada. El menor uso de gas de 2028 a 2030 luego se revierte por la disminución de inversión en nuevas renovables. Esto tiene su precio en emisiones de CO2, se producen de 5,8 a 12,3 MtCO2eq más entre 2026-2033, que si los dos reactores cierran en 2027 y 2028. El coste adicional en derechos de emisión  puede alcanzar los 984 millones de €, que se repercutirán de forma directa en el precio de la electricidad. Peor aún es el sobrecoste acumulado en esos ocho años en la factura eléctrica de los consumidores, que puede llegar  hasta 3.831 millones de € en comparación con el escenario de cierre, debido al aumento del precio mayorista por el aumento de generación con gas.  

En definitiva, el retraso del cierre nuclear respecto al Plan que, voluntariamente, acordaron las empresas en 2019,  frenará la transición energética, y también la lucha contra el cambio climático.


REFERENCIAS:

[1]  Más Renovables y Menos Nuclear, Fundación Renovables, enero 2026

El Futuro de la Energía Nuclear en España, Fundación Renovables, nov.2025

[2]  «The Price and Emissions Effects of Extending Nuclear Lifetimes: Evidence from Spain», Natalia Fabra, 14ener2026, EEL Discussion Paper 2026-001

[3]  «Cierre Nuclear y Transición Energética: El Caso de Almaraz, Análisis de Impactos Económicos y Ambientales», Enero de 2026, Eloy Sanz Pérez y Víctor García Carrasco, para Greenpeace España.


 

Este artículo forma parte de una serie de publicaciones donde exponemos por qué decimos NO a la energía nuclear. Os animamos a leerlas para conocer la visión completa de nuestra oposición a la energía nuclear.